¡SÁLVESE QUIEN PUEDA!

PUENTE NEGRO

¡SÁLVESE QUIEN PUEDA! 

Por Guillermo Bañuelos

puente negro

Uno quisiera escribir algo más amable o alentador. Por ejemplo, que la pesadilla terminó. 

O que, como Dios manda, ya podremos enfrentar nuestras correspondientes cadenas de duelos sin temor al obituario del día. 

O anunciar que al fin abrazaremos y besaremos sin miedo a quienes amamos. 

O exclamar: ¡estamos bien! (o re-que-te-bien). 

Pero esto no es un cuento para recrear fantasías, sino pretende ser un análisis breve sobre lo que acontece alrededor nuestro. Entonces, no caben aquí las cuentas ni los cuentos alegres. 

En una escena similar a lo que ocurre en todo México, ayer, un grupo de médicos del ISSSTE daba cuenta de sus compañeros caídos por falta de protección adecuada y reclamaban la atención del presidente Andrés Manuel López Obrador y del gobernador Quirino Ordaz Coppel. 

Los doctores -que mueren en la raya salvando a otros- cuestionan molestos la reapertura indiscriminada de negocios no esenciales y  altamente riesgosos, como son los table dance y los casinos, que podrían convertirse en poderosos focos de infección y repotenciar la pandemia, mientras ellos se debaten en una lucha interminable contra la muerte. 

Aunque las autoridades sostienen que el número de nuevos casos positivos de COVID-19 ha disiminuido en las últimas semanas (algo difícil de saber con datos concretos, si sabemos que cada vez se aplican menos pruebas de control) la experiencia es dantesca: no hay día en que no conozcamos nuevos decesos en el entorno próximo o cercano. 

Miles de familias están de luto y aun no sabemos cuántos nuevos huérfanos viven entre nosotros. 

El propio presidente de México declara que la  emergencia ha cedido, mientras los aperturistas piden que permitamos cada vez una mayor movilidad social y, consecuentemente, que incrementemos los riesgos en favor de la reactivación económica. 

¿Cuál lectura debemos dar a esta  paradoja? 

Entramos ya a una etapa de relajamiento que eleva la peligrosidad del momento, pues la permisividad se generaliza en los comercios y otros establecimientos públicos. ¿No lo cree? Sólo observe cómo muchos evaden el control sanitario y permiten la conglomeración de los espacios comerciales 

Si usted estima su vida y respeta a otros, quizá la lectura adecuada, única, sea: ¡Sálvese quien pueda! 

No rete a la desgracia. 

Evite lugares concurridos, use cubrebocas, lávese las manos y, sobre todo, no crea en todas las conspiraciones que le cuentan. 

Aunque no lo vemos, el COVID mata. 

Ah, sea conciente de que nadie nos cuida, ni nos protege. Ni el gobierno, ni las empresas. 

Hágalo usted mismo: protéjase. 

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