AMLO y Víctor Díaz 1

 

Por Miguel Alonso Rivera Bojórquez

–Sí, ahí estaré, respondió el médico. Su voz clara y sonora irradiaba confianza. -Estoy seguro que el pueblo decidirá su futuro, dijo sin dudar en aceptar una invitación que requería en ese momento valentía y honradez histórica. Parecía meditar en voz alta.

Es inevitable que al pronunciar el nombre del reconocido neurocirujano Víctor Manuel Díaz Simental, se piense en la lucha que encabezó como diputado del 2013 al 2016, contra la intención del gobierno de esa época de adquirir deudas impagables para construir bajo el esquema APP quimeras que no eran hospitales sino mentiras fantásticas, figuras decorativas con fines perversos y para desgracia del pueblo sinaloense.

De hecho, su convicción y la de los ciudadanos que se manifestaron contra ese abuso monumental evitaron que Sinaloa fuera hipotecado por tres décadas.

La historia registra la forma en que personajes oscuros y corruptos han intervenido desde el año 2016 para cerrarle el paso al galeno y, hasta la fecha, sigue pagando el costo político por cumplir su deber como diputado en la sexagésima primera legislatura y como ciudadano de principios en la historia de su vida.

“Los corruptos no quieren que sigamos adelante pero no me voy a rajar”, sentenció en aquellos aciagos días que estuvo en la primera fila de la lucha. Quien conoce al prestigiado médico neurocirujano Víctor Manuel Díaz Simental sabe de su parsimonia, trato afable y caballeroso, sin embargo en esta exclamación –que quedó registrada en las crónicas periodísticas- iba implícita su indignación y coraje contra la injusticia y la descomposición política.

Justo es hacer las remembranzas previas a ese día -un año antes de la histórica elección del domingo 1 de julio de 2018-, porque esas fueron algunas de las motivaciones que guiaron su andar por el horizonte urbano donde sería el encuentro.

El domingo 3 de junio de 2017, Víctor Díaz Simental, al caminar hacia donde despuntaba el templete de su cita, se encontró de frente con la vocación democrática de un pueblo en pobreza endémica, harto de hambre y malpasadas, gente de clase media de magros ingresos y muy pobres, aquellos que en el día a día apenas sacan para comer. No estaban entre los presentes, ninguno de esos personajes a los que se les adjudica el título de ser dueños de Sinaloa y viven con holgura en sus mansiones. Estaba el ciudadano común manifestándose, harto de tanto abuso y corrupción, harto de no tener esperanza, ni siquiera certidumbre. En la mirada de la gente estaba el hartazgo hacia aquellos que tienen la vida regalada, la antipatía a la avaricia, mientras los trabajadores y sus familias sufren el yugo en la explotación bárbara de la esclavitud moderna.

Se estrecharon la mano. Ese domingo Andrés Manuel López Obrador vestía un pantalón café y una guayabera blanca de mangas largas. Víctor Díaz, con sus lentes puestos, un pantalón oscuro con una camisa azul claro, también de mangas largas. Luego firmaron, junto a otros valerosos ciudadanos, el Acuerdo Político Nacional de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México.

- Vamos a gobernar con rectitud; desterrar, acabar la corrupción, no disminuirla, aminorarla, sino acabarla. Se va a gobernar con el ejemplo, se van a acabar los lujos y los privilegios, prometió AMLO.

Luego, cumpliendo con el acuerdo del 20 de noviembre de 2016, en el Congreso de MORENA, al que se le dio lectura ese domingo, mujeres y hombres, pobres y ricos, pobladores del campo y de la ciudad, religiosos o librepensadores, respondieron el llamado para luchar juntos y hacer de la honestidad una forma de vida y de gobierno. El pacto fue firmado, de esta manera, en Sinaloa.

Nadie duda de la relevancia de la reputación y la transparencia como parámetros de referencia de un buen gobierno, pero ese día estaban lejos ese anhelo y la victoria del 1 de julio de 2018.

Víctor Díaz plasmó su firma en el pacto como una cofradía de esperanza, para salvaguardar el sueño realizado en la noble lucha de la rebeldía que proviene del amor que los padres siempre quieren heredar a sus hijos.

Ahí no estaban muchos que ahora, después del triunfo, se han ido acercando. Entre los que sí estaban ese día, entre otros, el cineasta Óscar Blancarte, los universitarios Ramón Fajardo Madrid, Manuel de Jesús Guerrero Verdugo, Daniel Verdugo Castañeda, Ramón Lucas Lizárraga y Lucio Antonio Tarín Espinoza; el ex presidente municipal de Mazatlán, Alejandro Camacho Mendoza; el ex presidente de Angostura, José Ángel Castro Rojo “El Pitón”; el ex candidato a gobernador de Sinaloa, Leobardo Alcántar; el hoy diputado Édgar Augusto González Zataráin, la hoy senadora Imelda Castro y Jesús Manuel Viedas, mejor conocido como “el Chumel”, así como maestros, jubilados y pensionados. Ahí estaba Víctor Díaz, entre los firmantes del Pacto, con la seguridad de que el pueblo decidiría su futuro. Y así fue.

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