Punte negro

PUENTE NEGRO

PRI, ¿tercera caída?

Por Guillermo Bañuelos

Es imposible sustraerse a lo que ocurre en el mundillo político nacional, sobre todo desde que el propio Enrique Peña Nieto subió al ring para responder a Javier Corral y Ricardo Anaya, contra quienes se lanzó de inmediato José Antonio Meade haciendo gala de un estilo bravucón que, la neta, no le va (sus asesores deben entender que se necesita mucho barrio, temperamento fuerte y sangre caliente para pegar duro y macizo en esos terrenos).

Meade y el resto de los candidatos deben saber también que la campaña que viene será similar a un pleito callejero, sin códigos de honor, ni reglas claras, en el que abundarán los golpes bajos y donde habrá poco espacio y tiempo  para establecer un debate de altura que permita a los electores ver con claridad quién es quién.  

Esta y otras escaramuzas anuncian que el tema de la corrupción será el número uno en la agenda y determinará el contenido y el calor de la jornada que culminará en julio.

Encuestas, filias y fobias aparte, podemos prever que la contienda será inédita, agitada y cerrada.

Sin dudar, muchos vaticinan la caída número tres del PRI.

Pero hasta esto podría no ocurrir, no mientras exista cuando menos 1% de probabilidad de que se desinfle AMLO, puntero en la mayoría de las encuestas conocidas hasta hoy, o de que el chavo Anaya no crezca.

Y es que la del 2018 será una batalla de toma y daca en la que el tabasqueño también recibirá madrazos severos.

Hay que recordar además que en dos competencias anteriores AMLO mostró flaqueza al no saber sostener una ventaja indiscutible.

Por su lado, Peña tiene en contra que su popularidad  pasa por el peor momento y sabe que podría perder las elecciones.

Ahora parece apoyarse en Luis Videgaray ante la evidencia de un Nuño que no sabe ler lo que ocurre alrededor de la campaña meadeista que coordina.

El presidente y sus colaboradores insisten inclusive en que los beneficios de las reformas llegarán hasta después de su administración.

Pero dentro del propio PRI hay signos de inconformidad entre quienes deseaban un viraje de las política económica debido a que desde hace varios sexenios los de más abajo –los segregados, los excluidos, los del mero atrás- consumen la misma sopa y el número de pobres ha crecido hasta llegar ahora a alrededor de 60 millones de mexicanos.

Recordemos que los diputados y senadores priistas de la LXI Legislatura del Congreso de la Unión representaron un poder enorme.  

De allí emergieron 11 secretarios de Estado –incluyendo a Luis Videgaray-, 8 gobernadores, 11 funcionarios federales de primer nivel y dos dirigentes nacionales del propio PRI.

Pero varios de los personajes que formaron ese grupo selecto que aparentemente comandaba Manlio Fabio Beltrones se inconformaron con el presidente, a quien advirtieron que hay “un voto antiPRI muy extendido entre la población”, sin que el tricolor tenga una estrategia para contrarrestar esa tendencia.

Es cierto que el malestar de estos no impidió que se modificaran los estatutos del PRI, con lo que, entre otras novedades, se abrió la puerta a candidatos externos.

Por ahí entró Meade, quien presume, paradójicamente, ser apartidista.

Casi una tercera parte de aquel grupo –62 ex legisladores federales-  signaron entonces una carta dirigida al presidente del CEN del PRI, Enrique Ochoa, en la que argüían que no podían continuar  apoyando el rumbo del gobierno de Peña porque este modelo ‘se aleja cada vez más del electorado’.

La carta fue dirigida a Ochoa pero su destinatario final era Peña Nieto.

A través de ella advertían que lo principal en aquel momento era que el PRI colocara un candado que exija que el candidato a la presidencia haya ganado cuando menos una elección de mayoría relativa.

Pese a este episodio relativamente reciente, desde 1988 el PRI no sufre una escisión tan grande.

En aquel año, un grupo importante de disidentes abandonaron sus filas y se sumaron a otras fuerzas políticas de centro-izquierda e izquierda para formar el Frente Democrático Nacional, cuyo candidato, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, enfrentó a Carlos Salinas de Gortari.

De ahí surgió el lopezobradorismo.

Aunque tradicionalmente el PRI ha sido hábil para maniobrar la solución de sus conflictos internos, la incógnita es cómo satisfará esta vez los reclamos de sus militantes inconformes.

Otra pregunta –todavía sin respuesta- es cómo convencerá el PRI a millones de mexicanos sin partido para que, nuevamente, le den su voto.

No estamos lejos aún del último tropezón priista: la pérdida de 7 de 12 gubernaturas en 2016,  y el mal humor social no se diluye. 

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